jueves, 20 de mayo de 2010

CAPÍTULO III: APRENDER EN LA EDAD ADULTA.

En este capítulo se nos presenta el estudio de las características de las personas adultas y la incidencia de éstas en los aspectos que conforman su aprendizaje.
En primer lugar el capítulo se centra en definir el concepto de persona adulta, lo cual resulta difícil. La etapa adulta se considera como el periodo evolutivo más largo y representativo de la vida de la persona.
Para definir persona adulta, se hace desde diferentes perspectivas: etimológicamente, culturalmente, antropológicamente, según el contexto jurídico, en sentido pedagógico, desde una perspectiva psicológica y desde lo social.
Son diversos, los autores que hablan del concepto de adultez, entre los cuales, cada uno de ellos establece unas características (de tipo biológica, social, psicológica…) concretas de dicha etapa. A pesar de la variedad de características que dichos autores presentan, coinciden algunas como: equilibrio, autonomía y responsabilidad.
En la adultez, al igual que en las demás etapas vitales, también se producen cambios decisivos y profundos, provocados por transformaciones biopsíquicas y las influencias del entorno. Por lo tanto no se puede concebir la adultez como una etapa de la vida estática, estable y uniforme.
Existen varios modelos, los cuales podemos sintetizar en tres, que analizan la adultez como una fase cambiante con sus periodos evolutivos: Modelo motivacional; Modelo empírico; y Modelo clínico.
Por otro lado, se tiende a dividir la adultez en tres etapas: la adultez temprana (18-20 a los 35 e incluso 40), adultez media (en torno a los 65) y adultez tardía (a partir de los 65).
Algunos de los aspectos psicopedagógicos del aprendizaje adulto son: la inteligencia, la memoria, la motivación y la experiencia.
En cuanto a la memoria siempre se ha pensado que los adultos tienen mayores dificultades para aprender que en la infancia y adolescencia y que esto se debía a que la inteligencia disminuía a medida que avanzaba la edad.
Pero a pesar de que la capacidad de los sentidos se aminora con el paso de los años, se produce cierta compensación gracias a la experiencia.
Se pueden diferenciar entre inteligencia fluida y cristalizada, entre las cuales la inteligencia fluida corresponderá a la etapa de la juventud y la cristalizada a la etapa de la adultez.
La experiencia es un aspecto muy importante en el aprendizaje de los adultos, pues la experiencia forma a la persona.
Por tanto, para concluir podemos decir que los adultos tienen unas características específicas que corresponden a esta etapa de la vida, por lo que deben tener una educación adecuada a sus capacidades y a sus necesidades, lo que no significa que no puedan aprender igual que una persona joven, al contrario. Aunque es cierto que en cada etapa las personas aprenden de forma diferente, con diferentes recursos, pues tienen necesidades y características distintas.

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