miércoles, 24 de marzo de 2010

"NUNCA ES TARDE PARA APRENDER"



EL PAÍS, lunes 20 de noviembre de 2006

En este artículo se expone una serie de ejemplos o casos en los que personas de diferentes edades y por diferentes circunstancias abandonaron los estudios y años más tarde los han vuelto a retomar.

Tras leer este artículo, puedo observar un tema o más bien una realidad que está latente en la actualidad. Porque como bien dice el texto, muchas personas dejaron de estudiar porque veían más cómodo trabajar y ganar dinero que estudiar, y ahora con el tema de la crisis y los numerosos despidos, los jóvenes de 16-24 años, que no tienen cursada ni la educación obligatoria, se dan cuenta que la educación y los títulos académicos son realmente importantes para desempeñar un buen trabajo o simplemente para poder desempeñarlo.

Por otro lado, también hay personas que acuden a los centros de educación de adultos, simplemente por satisfacción personal, (como es el caso de las personas de mayor edad), porque en su tiempo no pudieron estudiar, o bien porque tuvieron que ponerse a trabajar o porque tuvieron que ocuparse de cargas familiares en edades muy tempranas.

Estas personas son felices con el simple hecho de saber leer o escribir.

Pienso que los centros de adultos proporcionan muchos beneficios a las personas. Porque en el caso de las personas mayores (con 40-60>) que no saben ni leer ni escribir, gracias a estos centros tienen la oportunidad de aprender. Además con el hecho de aprender a leer y a escribir aumentan su autonomía personal y su libertad, ya que hay numerosas personas que tienen que depender de otras para leer una simple carta. Muchas personas tienen que acudir a casa de sus vecinas o recurrir a un familiar o amigo, para que les lean una carta del médico o cualquier otra notificación que le llegue. O en el caso de una persona mayor o una persona que no sepa escribir, que tenga que recurrir a otra persona para que le escriba una simple carta, lo cual es una cosa persona y que por el simple hecho de no saber escribir, deja de serlo.

En conclusión, apoyo la función que desempeñan los centros de adultos, la cual parece una cosa simple, como enseñar a leer, a escribir o simplemente ayudar a personas a conseguir los diferentes títulos académicos; pero que en realidad va más allá de todo ello y proporciona a las personas autonomía, satisfacción, libertad, oportunidades en los diferentes ámbitos (laboral, económico, cultural, etc.)…